viernes, 21 de marzo de 2014

SOLO "DESCANSA TU AMOR EN MI"

Yo te daré todo lo que puedo dar
Y tú no te decides, tienes miedo a que?
Se que no soy perfecto, creo que nadie lo es
Pero eso si, te aseguro, que soy capaz de amar

Yo te ofrezco una vida sin temores
Si cualquiera puede cometer errores
Sólo acepta mi mano y acercate a mi
Y desde este momento descansa en mí

Descansa tu amor en mi, deja que yo cuide de tí
Descansa tu amor en mi, yo tambien necesito de tí
Descansa tu amor en mi, yo sabre como hacerte feliz

Descansa tu amor en mi y rompe mi soledad
Todo nuestro tiempo será solo para los dos

Yo te ofrezco una vida sin temores (una vida sin temores)
Si cualquiera puede cometer errores (cualquiera puede cometer errores)
Sólo acepta mi mano y acercate a mi
Y desde este momento descansa en mí

Descansa tu amor en mi, deja que yo cuide de tí
Descansa tu amor en mi, yo tambien necesito de tí
Descansa tu amor en mi, yo sabre como hacerte feliz
Descansa tu amor en mi y rompe mi soledad

Todo nuestro tiempo será solo para los dos
Descansa tu amor en mi y rompe mi soledad
Todo nuestro tiempo será solo para los dos

Descansa tu amor en mi, deja que yo cuide de tí
Descansa tu amor en mi, yo tambien necesito de tí

Descansa tu amor en mi, deja que yo cuide de tí (descansa tu amor en mi)
Descansa tu amor en mi, yo sabre como hacerte feliz (descansa tu amor en mi)
Descansa tu amor en mi, deja que yo cuide de tí (descansa tu amor en mi)
Descansa tu amor en mi, yo tambien necesito de tí (descansa tu amor en mi)
Descansa tu amor en mi, deja que yo cuide de tí (descansa tu amor en mi)

Fuente: http://www.musica.com/letras.asp?letra=801301
Letra añadida por el comedulce Franco De Vita

domingo, 16 de marzo de 2014

REGALAR LIBROS


Por Jorge Orlando Melo

12/03/2014

"Para que la lectura se vuelva un hábito, una actividad de la vida diaria, hay que darle importancia, tomarla en serio y apoyarla, pero no hay que volver al libro un elemento de un ritual religioso."


Cuando tenía 7 años, mi papá me mandó al cumpleaños de un amigo con un libro de regalo: era una obra que él adoraba, que buscó con esfuerzo en las librerías y me empacó con cuidado. Creo que pocas veces tuve más pena: pensé que mi amigo se iba a burlar de mí. No lo hizo, pero su agradecimiento, cortés y hasta efusivo, me sonó falso: ¿cómo podía estar contento con un libro, cuando podía haberle llevado un balón? Alguien me cuenta que, a los 6 años, en su cumpleaños, le regalaron una colección de libros y que nunca estuvo tan brava con su mamá. Después se encarretó con los libros, se arrepintió de haberla hecho sentir mal y todavía guarda ese regalo infantil.  


Los niños que llevan libros de regalo a los amigos sospechan casi siempre que los van a decepcionar, pues esperan patines, pelotas y juguetes. La propaganda de Póker de estos días, en la que alguien recibe frustrado lo que parece un libro, se apoya en esta experiencia, que es real. Acaba burlándose, más que del libro, del esfuerzo de padres y educadores por entronizarlo, convertirlo en objeto de culto, en un dios de papel que hay que reverenciar. Un objeto tan especial que no hace parte de la vida diaria, como la sopa o la cerveza, sino de la vida de los elegidos que tuvieron la revelación.  


Esa visión es parte de nuestra cultura letrada, que ha visto el libro como señal de superioridad social y cultural, como signo de estatus, forma de distinción con los incultos y los analfabetos. Para mucha gente, el libro y la lectura son decoraciones, elementos de simulación: hay que tener bibliotecas, aunque no se lean y se compren por metros. Hay que hacer leer los clásicos a los niños, aunque no los disfruten, y llenarlos de teorías literarias para que “desarrollen las competencias” que les permitan identificar los paratextos, el discurso o los elementos diegéticos del relato.  


A pesar de tanta devoción al libro, en Colombia no se leen muchos. Se gasta poco en ellos, pues dizque son muy caros. Sin embargo, en promedio, por cada libro que se compra en Colombia, se venden ocho botellas de aguardiente. Y, según la orgullosa afirmación de Bavaria, cada adulto se bebe al año casi 200 cervezas, que contrastan con los dos libros que lee. Después de medio siglo en el que en la mayoría de los parques de los pueblos se hicieron quioscos para las parrandas de los domingos, como “contribución de Bavaria a la cultura”, según las placas que hay en casi todos ellos, no es raro que se pueda relacionar la cerveza con la cultura y el libro con un culto posudo, encabezado por sacerdotes aburridos.  


Por supuesto, es bueno que la gente lea más y que el Gobierno promueva la lectura, tanto la que es divertida y fresca como la que informa y enseña. Ojalá mucha gente regale libros o goce cuando los reciba. Hacer buenas bibliotecas, repartir millones de libros, como se hace en ‘Leer es mi cuento’, ayuda. Pero, para ser franco, no me molestó la propaganda de Póker, que refleja algo real, y no esperaba una nueva “contribución a la cultura” de Bavaria. Me parece desproporcionada la indignación de tanto comentarista. Y espero que no lleve a nuevas normas, regulaciones y esfuerzos para reprimir el pensamiento incorrecto.  


Pero, para que la lectura se vuelva un hábito, una actividad de la vida diaria, hay que darle importancia, tomarla en serio, apoyarla, pero no hay que volver al libro un elemento de un ritual religioso, ni una marca de estatus o un objeto de nostalgia romántica.  


En las novelas, los personajes elegantes, antes de leer, se preparan un vaso de whisky and soda o un gin and tonic. No me chocaría que en las bibliotecas los grandes pudieran tomarse una cerveza, por plebeyo que parezca, mientras leen una novela.  


www.jorgeorlandomelo.com Jorge Orlando Melo  


FUENTE: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jorgeorlandomelo/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-13643935.html

viernes, 20 de julio de 2012

La soledad es mejor de lo que dicen, según estudio

La soledad es mejor de lo que dicen, según estudio





 
La mitad de los adultos estadounidenses son solteros y uno de cada siete vive solo.

La mayoría de las personas que viven solas lo hace por convicción y no por necesidad.

"Si alguien quiere hablar sobre cualquier cosa, llámeme al (347) 469-3173". Así de simple. Este mensaje, pegado en algunos postes de Manhattan en octubre pasado y firmado por 'Jeff, one lonely guy' (Jeff, un tipo solitario), lo desafió todo. Su impulso nació de la desesperación por una ruptura amorosa y, por instinto de conservación, se lanzó a esta osadía. Sabía que estaba en capacidad de cometer una locura. El resultado: hasta hoy, Jeff Ragsdale ha recibido más de 65.000 llamadas y mensajes, que desembocaron en un libro y un blog.

Lo que le pasó a este hombre, actor de poca monta y comediante con el corazón roto, es la cara de una transformación radical de la idea de la soledad en la sociedad actual. Quien está solo ya no está desamparado. Por lo menos así lo concluyó Eric Klinenberg, sociólogo de la Universidad de Nueva York que, después de siete años de investigaciones y 300 personas entrevistadas, logró demostrar en el libro Going Solo, the Extraordinary Rise and Suprising Appeal of Living Alone ('Caminando solo, el extraordinario aumento y sorprendente atracción de vivir solo') que hoy la mayoría de quienes viven solos lo hacen por convicción y deseo y no por necesidad o porque los 'dejó el tren'.

De hecho, hoy, la mitad de los adultos estadounidenses son solteros y uno de cada siete vive solo, una cifra que representa el 38 por ciento de todos los hogares de ese país y que en 1950 no alcanzaba siquiera el 10 por ciento.
El cambio de la idea de la soledad es tal que el propio investigador se muestra emocionado por los resultados hallados, pues su interés por el tema de los solitarios surgió de una tragedia. Se dio cuando descubrió que en el incendio que devoró Chicago en 1995, en el que murieron 700 personas, muchas de ellas estaban calcinadas en casa, íngrimas. No tenían red de apoyo, nadie a quien pedirle auxilio.
"Allí me interesé por el problema social de estar solo y aislado", explica. Y el giro, en menos de 20 años, es que hoy "básicamente todo el mundo está conectado de alguna manera con un familiar o un amigo que vive por su cuenta. Sin embargo, es normal que los estadounidenses estén ansiosos por el aislamiento. Creemos tanto en la autosuficiencia pero, al mismo tiempo, ansiamos hacer parte de una comunidad. Por eso, cuando alguien a nuestro alrededor vive solo, creemos que algo malo le sucede, pensamos que no tiene lo que quiere o necesita".

Pero la realidad es que el estar solo es cada día más apetecido por la gente en el mundo, y si en Estados Unidos las cifras no paran de crecer, en el Reino Unido, Japón y los países escandinavos son aún mayores. Es más, Estocolmo es, por definición, la capital global de quienes viven solos, al tener a la mitad de sus hogares bajo este esquema. Y la tendencia a seguir estos pasos la tienen India, China y, extrañamente para nuestros estándares latinos, Brasil.

Para el sociólogo, la explicación es sencilla: "Más que un narcisismo galopante o una disminución de la vida pública, la decisión de estar solo es un síntoma del crecimiento de la riqueza de la sociedad, como comprar carro o comer carne". Esto quiere decir que, si tenemos cómo pagarla, esta forma de vida, más que un fracaso, podría entenderse como una marca de distinción.

¿Quiere o le toca?

Ahora bien, una vez superado el estigma del "es que no pudo más", no todo es, necesariamente, color de rosa. Quienes sirven de sujetos de investigación para el libro Going Solo se muestran satisfechos de su vida sin ataduras porque tienen a la vuelta de la esquina todo lo que necesitan (la lavandería de moneditas, el domicilio, el restaurante, la tienda, el café, el bar, el gimnasio...) y la sociedad de consumo les brinda las herramientas para mantener aislada la soledad: la clase de natación una vez a la semana, el curso de pintura, las conferencias sobre todos los temas del mundo. Hasta el propio Henry David Thoreau, defensor del desarrollo individual de las personas, iba de cuando en cuando a cenar a su casa materna.

Aquí entra el factor de la búsqueda de la felicidad: quien vive solo ¿lo hace porque quiere o porque le toca? De nuevo, Klinenberg contesta con entusiasmo: "Vivir solo provee una especie de 'soledad restaurativa' y, muchas veces, puede ser exactamente lo que necesitamos para reconectarnos con nosotros mismos".
Pero, claro, para llegar a este estado 'zen' se requiere trabajo para vencer la barrera de la inseguridad que representa esa sensación de estar solo en el mundo.

Volvamos al caso de Jeff. Leer su blog es toda una terapia. Como si la caja de Pandora se abriera. La gente se expone, se cuenta, llora en la pantalla, anima. Habla. Ese silencio introspectivo desaparece para contarles a otros que se sienten solos y muchas veces, miserables. Reclaman compañía. Samantha, por ejemplo, cuenta que está atravesando una ruptura también, "pasó hace unos meses, pero él ya encontró a alguien más. Sé exactamente cómo te sientes: te rompe cada parte de ti, sobre todo cuando te engañaron. ¿Cómo volver a creer?". Alguien, que no pone su nombre, simplemente se confiesa: "Hay tantos de nosotros haciendo daño por ahí". Carol dice compartir ese sentirse solo en esa ciudad gigante que es Nueva York: "Soy una persona muy sociable, pero encuentro difícil hacer verdaderas amistades aquí, serán los afanes. Si te sientes con deseos de hablar, llámame". Y otros reaparecen por la magia de la comunicación: "Hola, Jeff. Lo que más me dolió fueron tus apuntes sobre la niñez, porque habla de cuando fuimos cercanos. Me sentí un poco culpable porque sé que podría haber sido (debí haber sido) un mejor amigo".

Para Sherry Turkle, profesora de Estudios Sociales y Ciencia de MIT, estas cadenas de mensajes son, sin embargo, en muchas ocasiones distractores para no tener que enfrentar directamente los problemas, hablar con los suyos y poner las cosas en orden.
"Para experimentar la soledad debes ser capaz de sumergirte en ti mismo". Ese es el reto. Entenderla. La soledad. Y no como castigo o como "introspección analítica" para descubrir los errores del pasado. Que no sea ni castigo ni encierro. Es el lugar para encontrarse a sí mismo. Y eso es lo que verdaderamente asusta. Pero hay que hacerlo solo.

La crisis económica no está reduciendo el fenómeno

A diferencia de países como Colombia, con una tradición de estar en familia y en donde las carencias económicas y el alto desempleo están haciendo que los hijos se queden más años en la casa materna, e incluso están obligando a que hijos ya casados tengan que regresar al nicho de los padres, en Europa y Estados Unidos este patrón, más que una conducta recurrente, es una excepción.

De hecho, los índices de crecimiento de la población viviendo sola se han multiplicado, curiosamente, desde el 2008, cuando estalló la crisis económica más desestabilizadora de los últimos años. Y esto, según el investigador Eric Klinenberg, ya se había visto en Japón durante la crisis de los años 80. La calidad de vida obtenida al vivir solo es algo a lo que la gente no está dispuesta a renunciar. Antes, muchas privaciones de otro orden, pero no dejar su hogar.
¿Por qué el aumento de gente sola?

Si bien el crecimiento económico ha significado que la gente se independice y tenga con qué vivir por su cuenta, no solo la chequera explica este fenómeno en alza en el mundo en las últimas décadas. Para el sociólogo de NYU Eric Klinenberg, autor de 'Going Solo', tomar únicamente el argumento económico sería desestimar cambios que se han venido gestando en el mundo desde mediados del siglo XX y, particularmente, en estos veloces años del 2000.

1. El despertar de las mujeres:
Su entrada a la competencia en el mercado laboral les ha dado independencia económica (algo que hace 50 años no sucedía), ha pospuesto sus planes de matrimonio y les ha dado vía libre para divorciarse si no funciona y para invertir en bienes raíces.
2. La revolución en las comunicaciones:
Vivir solo hoy no es sinónimo de vivir en soledad. La tecnología posibilita la interacción permanente (vía Facebook, 'e-mail', mensajes de texto, Twitter...) con otros, desde diferentes plataformas.

3. La urbanización:
Las ciudades están creando una especie de subcultura para el 'solo', en donde este cultiva su espacio individual, pero tiene una activa vida pública con todos los servicios disponibles para encontrar compañía.

4. Mayor longevidad:
Las viudas les sobreviven entre 5 y 20 años a sus maridos y muchas de ellas no buscan una nueva compañía.

Dominique Rodríguez Dalvard
Redacción Domingo

domingo, 8 de julio de 2012

Detente... Tú Puedes Cambiar las Circunstancias

Detente... Tú Puedes Cambiar las Circunstancias

Las crisis personales son extraordinarias oportunidades para crecer y esto es posible cuando reconocemos nuestro papel protagonista en dichos sucesos...
“No somos víctimas de las circunstancias, nosotros creamos nuestras propias circunstancias..."

Sin embargo, en diversas ocasiones nos preguntamos sorprendidos por qué las cosas sucedieron como sucedieron y buscamos de inmediato a un culpable o responsable para poner a salvo nuestra irresponsabilidad.

Desde luego, existen acontecimientos fruto de la casualidad fuera de nuestro control, como un terremoto, una tormenta, un accidente en el cual no fuimos protagonistas: otro manejaba, una piedra nos cayó, un rayo, etc., pero en la mayoría de las ocasiones no es la casualidad sino la causalidad; nosotros mismos producimos que nos despidieran del trabajo, que nuestra pareja nos abandonara, que no exista la comunicación con nuestros hijos entre muchas otras situaciones por las que atravesamos y que según nosotros son inexplicables.

Las crisis personales son extraordinarias oportunidades para crecer y esto es posible cuando reconocemos nuestro papel protagonista en dichos sucesos, cuando tenemos la capacidad de absorber nuestros propios errores, cuando esto sucede somos victoriosos de la crisis, la adversidad se convierte en buenaventura, el fracaso en sabiduría, el error en luz, estamos listos para seguir avanzando...

Por el contrario, la obstinación por “tener la razón” nos ciega, nos lleva a cometer nuevamente el mismo error, hay a quien por supuesto le sorprende la muerte y estaba equivocado, se despide de este mundo renegando de que en vida nadie lo pudo comprender, no es mas que soberbia por no asumir la responsabilidad de los hechos de su vida.

Es triste y al mismo tiempo maravilloso comprender nuestras equivocaciones, maravilloso porque la luz nos iluminó, triste por el tiempo que perdimos y nunca más volverá.

Detenerse, palabra maravillosa y necesaria para asimilar las lecciones que nos da la vida, para ello es indispensable ser humilde, no para resignarnos a las circunstancias que nosotros mismos hemos creado sino para aprender lo que aún nos falta por aprender.

Cuanta grandeza encierra el espíritu de aquel ser humano que se deja por la vida enseñar. Caminando por la existencia mientras asimila en su alforja la experiencia que día a día la vida le ofrece, parafraseando a un gran escritor, tal vez por muy pocos conocido, el maestro Eric Fromm; "todos podemos ser nuestros propios psiquiatras sanándonos diariamente, gracias a la reflexión podemos extraer de cada momento la lección de cómo ser mejores"

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Lenguaje entre jóvenes, un reto para la comprensión

Lenguaje entre jóvenes, un reto para la comprensión

Juan Gossaín habla de cómo se ha transformado el vocabulario por efectos de la globalización.

Solo han pasado diez años desde los tiempos en que mi hija Isabella usaba la palabra chévere para referirse a cualquier cosa que le gustara. La pronunciaba, eso sí, con un silbido de serpiente anglosajona que a ella le parecía elegante: 'shévere'.
A la hora menos pensada la palabrita desapareció porque era cosa de viejos. Mi amigo Lejandro, que está en el último curso de bachillerato, y carga bajo el brazo la libreta electrónica en lugar del cuaderno, me manda una nota desde su computadora: "Sería kiut que me enviaras el video para subirlo a la cloud y las fotos en streaming. Nos chateamos por el BB".

Sentí que la cabeza me daba vueltas. Estuve a punto de encomendarme a la Virgen del Carmen. De toda esa retahíla solo entendí la palabra foto. El Yiyi, mi nieto, me hizo la caridad de traducir semejante galimatías y me explicó, con un aire de compasión, que BB no es Belisario Betancur, como yo estaba pensando, ni la hermosa Brigitte Bardot de mis fantasías moceriles, sino la sigla de unos celulares que vienen equipados con máquina de retratar, baño portátil, cepillo de dientes, cocina y garaje. Son tan útiles que sirven hasta para llamar por teléfono.

Hace pocos años las señoras iban al gimnasio a hacer ejercicios. Ahora van al spa a hacer aerobics mientras oyen música crossover en el iPod. Qué chimba. Atrás quedó la época del walkman, que en un santiamén se volvió prehistórico, y no menciono la palabra longplay para ahorrarme más vergüenzas.

Son efectos inevitables y refrescantes de la globalización humana. Se trata, sin duda, de un idioma pasajero, una especie de vaso desechable que con los años, víctima de su propio invento, será sustituido por otro semejante. Una moda efímera, o light, como diría Lejandro. No hay razón para alarmarse por la sumatoria de quienes quieren tomarse el emprendimiento de todo la problemática. ¿Me captas?

Cocteles y regalos

El nuevo lenguaje también recibe aportes fundamentales que provienen de la vida social. Ya no hay reunioncita de pipiripao -qué terminacho tan boleta- que no se autodenomine coctel. Los invitados, adultos de grandes negocios, se reúnen para hablar de sus business mientras toman un drink y devoran un sushi.

La muerte, que está en el otro extremo de la fiesta, tampoco escapa a la muerte de su propio lenguaje. Antes, cuando alguien descansaba en paz, lo sepultaban en un ataúd, o, más modestamente todavía, en un humilde cajón. Ahora, con su remozado lenguaje chic, las empresas de entierros lo llaman cofre funerario. Menos distinguido es el tratamiento que le dan al cadáver: se le conoce como "el fiambre".

Nadie está a salvo de este tsunami, palabra que le imprime un aire de caché al que la usa. En las oficinas públicas o privadas las secretarias están creando a diario su propio léxico, con la valiosa ayuda de la recepcionista y el mensajero. A propósito: no vuelva a decirle "mensajero" porque se puede ofender; su nuevo nombre es "ingeniero de comunicaciones".

Uno de los aportes más curiosos a esta revolución del lenguaje colombiano ocurre cuando uno entra, accede o "accesa" a cualquier despacho y pregunta por el jefe.

-¿Me regala su nombre, por fa? -dice la secretaria.

-Y si se lo regalo -le respondí a una de ellas-, ¿cómo diablos me quedo llamando yo?

Estuvo a punto de ahorcarme por bruto. Si la comunicación es telefónica, además del nombre le pedirán que les regale la dirección, les regale su cédula, les regale el teléfono y les regale el nombre de la compañía donde trabaja. El asunto está tomando ya unas proporciones cómicas. Me llega por correo un documento que debo firmar. "En los lugares indicados", dice la carta remisoria, "le rogamos entregar la huella". Ya no sé qué será más grave: si regalarles mi nombre o entregarles mi huella.

Gallinas y verbos

Eso me recuerda que la peor entre todas las víctimas de este sancocho de lenguajes ha sido el verbo poner. Como acaban de comprobarlo, ha llegado la hora en que no le piden a uno que ponga su propia huella, sino que la entregue. Óscar Domínguez comenta, perplejo, que al verbo poner ya nadie le pone bolas ni en el salón de billares.

La desgracia comenzó el día en que alguna señora remilgada se atrevió a repetir, sin saberlo, un infortunado proverbio que los catalanes habían hecho célebre desde el siglo XIX: solo las gallinas ponen. La otra tarde le oí decir a una cocinera que, por haberlas dejado fuera de la caja, las galletas de soda, a las que ella les dice crackers, se colocaron rancias.

Me hicieron una generosa invitación recientemente. (Paréntesis: a los colombianos les ha dado por decir recién, copiando a los futbolistas argentinos.) Se trataba de una conversación, que hoy llaman conversatorio, con Daniel Samper Pizano en el Festival de Literatura. Confieso que hubo un momento en que no supe si lo que estábamos presentando era una ponencia o una coloquencia.

Emoticones y abreviaturas

El nuevo lenguaje comienza a devorarse a sí mismo, como ciertos monstruos de la mitología griega. En estos días las letras ya no se usan para escribir palabras, sino abreviaturas. Es la parábola del alacrán que termina por morder su propia cola envenenada.

Los adolescentes electrónicos han reducido el pronombre relativo 'que' a una mísera k, de manera que las seis letras de porque se comprimen en 'xk'. Como si fuera poco, hace su entrada triunfal el lenguaje de las figuritas. Se las conoce como emoticones: íconos de las emociones. Ya nadie dice símbolos sino íconos.

Mi parce Lejandro se despide diciendo que me desea (::). Pensé que se había equivocado de teclas. Y, con el mismo fervor de Einstein cuando logró desintegrar un átomo, me anuncia que este año saldrá al mercado el blue ray con player. Que Dios nos coja confesados.

En estos tiempos frenéticos hay palabras que anochecen pero no amanecen. El vocabulario coloquial de los colombianos se transforma con una rapidez que marea a cualquiera. Es natural que eso ocurra: cuando cambian las costumbres, las palabras cambian en los salones de clase, en la discoteca de los sábados, en las páginas de las redes sociales, en las oficinas, en las busetas. "Por fortuna", anota Pacho Celis, un periodista que escribe diccionarios, "porque si no fuera así estaríamos hablando en sánscrito".

Lo que pasa es que, tercos como siempre hemos sido, los viejos nos negamos a aceptar que el lenguaje de los muchachos es un órgano palpitante que se renueva todos los días, de forma que no ha terminado uno de aprenderse seis palabras cuando desaparecen ocho. Esa misma flexibilidad le ha permitido al inglés convertirse en el idioma universal.

Entro a un restaurante. Se acerca un señor atildado que lleva una cucharita de plata al cuello. La mesera me dice con rimbombancia que se trata del sommelier. En mis tiempos lo llamaban catador de vinos. Y empiezo a dudar de nuevo. ¿Sommelier no es un soporte para poner el colchón? El señor de la cucharita debe ser un somier. ¿O es al revés? Sospecho que me estoy volviendo loco. Mejor me abro del parche.
JUAN GOSSAÍN

Especial para EL TIEMPO

En libro se rescata tradición campesina de Santander

En libro se rescata tradición campesina de Santander


Fidel Castillo rescata tradició campesina de Santander
Fidel Castillo Blanco escribe la pasión que siente por las costumbres de los campesinos.


Fidel Castillo, ingeniero agrónomo y forestal, escribió un libro sobre el campo.

En las 126 páginas del libro Historia de la cultura campesina santandereana y su arraigo en el departamento de Santander el ingeniero forestal y agrónomo Fidel Castillo Blanco describe como es el transporte de leña sobre animales, la tradición tabaquera, el proceso de elaboración de bocadillos y otras costumbres de los habitantes del campo.
Nacido en Bucaramanga, en mayo de 1939, Castillo escribe en su libro parte de las experiencias y conocimientos que adquirió en su convivencia con la agricultura pues participó en la tecnificación de varios procesos agrícolas.
En su contacto con el campo encontró que la alpargata es el calzado auténtico de los labriegos que temen a las brujas, tienen al machete como 'su mejor amigo', su himno es el bambuco Campesina Santandereana de José A Morales y su mejor 'pinta' (ropa) la usan los domingos o día de venta, como ellos lo llaman.
En el libro, que fue presentado oficialmente en mayo pasado, Castillo describe porque la pepitoria, el mute, y el cabrito quedan con mejor sabor cocinados con fuego de leña.
Basado en su contacto permanente con el campo y la lectura de la historia de la región constató como algunos europeos que huían de la guerra ayudaron a desarrollar parte del sector rural y se llevaron diferentes técnicas agrícolas como la preparación de la cerveza y el tabaco.
Para recopilar al material de su libro Castillo recopiló durante dos años información de técnicas, costumbres, vestuario, música, mitos, leyendas y juegos típicos de los campesinos santandereanos.
"Describo lo vivido y me siento agradecido por el cariño de las personas del sector rural porque en realidad son verdaderos amigos sin rencores ni envidias", dijo Fidel Castillo.
La infancia del profesional transcurrió en el barrio Modelo de Bucaramanga y estudió en el Colegio Santander donde tuve como compañero de curso a Horacio Serpa, exministro y exgobernador de Santander.
Posteriormente se trasladó a Medellín donde se graduó de ingeniero forestal y en Tunja recibió el título de ingeniero agrónomo.
Estuvo a cargo de la oficina de Proexport en Santander donde estaba encargado de la promoción de frutas, hortalizas y maderas y trabajó tres años para la Universidad de Wisconsin en investigaciones de las zonas más pobres de Suramérica.

El libro Historia de la cultura campesina santandereana y su arraigo en el departamento de Santander se puede encontrar en www.issuu.com como Cultura Campesina Santandereana.

Óscar Andrés Olarte
Para EL TIEMPO
BUCARAMANGA